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sábado, 1 de abril de 2023

El fotógrafo conflictivo

 



Durante años trabajé haciendo fotografías por las noches en discotecas. Hacía fotos a la gente y las subía a redes sociales. Eso generaba tráfico en los perfiles de las discotecas y la gente entraba más en los locales. La premisa era sencilla, tenía que dibujar un mundo idílico en esas fotografías, que la gente las viese y pensara que le gustaría estar en esa fiesta. Tenía que salir gente guapa, tías buenas y tíos buenos, gente con estilo y con carisma.

Todo lo que yo no era.

Una de las primeras cosas que me dijeron fue que no sacara a gitanos en las fotos que subiera. Pero les dije que eso no era muy ético.

domingo, 2 de octubre de 2022

El guionista

Ya hacía al menos siete meses que Yolanda y yo no follábamos. Y es paradójico, porque acepté un trabajo como guionista en la industria del porno y ni siquiera se lo dije. No estaba muy orgulloso de ese trabajo. Ni siquiera sabía que para esos vídeos necesitaban a guionistas pero no podía rechazar la oferta porque me hacía falta el dinero. Me hicieron una prueba. Tenía que escribir una escena y me dijeron que cuantas más etiquetas tuviese más visitas tendría el vídeo, así que me recomendaron que dejase volar la imaginación y mezclase todas las categorías posibles en un solo vídeo. Me puse a ello y no fue fácil, pero conseguí escribir una escena con un montón de variedades para que se catalogase en muchas más categorías. Creo que lo hice muy bien. Plasmé muchas perversiones, muchas fantasías y puse escenas que a mí no me motivaban nada pero sabía que a los grandes aficionados al porno les gustarían aunque era muy difícil contentar a todo el mundo.

miércoles, 24 de agosto de 2022

IKEA del Minotauro

 


Ir a Ikea con Marcela es lo más parecido a la tortura que conozco. Ella quiere decorar el nuevo piso al que nos hemos mudado a su gusto, pero no deja de comprar gilipolleces, cosas absurdas e innecesarias. Ahora está mirando una nueva vajilla, que además todas las casas tienen las mismas de Ikea y lo que más me fastidia es que ya tenemos una que cumple su función perfectamente y no nos hace falta otra.

jueves, 18 de agosto de 2022

Las cosas que no hice

 


Estaba en la aduana para entrar en EEUU. Atravesé el umbral del detector de metales y el policía me miró de arriba abajo y me dijo que lo acompañara. Me registró entero, un perro me olió en busca de sustancias y me tomaron las huellas dactilares. Había pasado muy poco tiempo desde el 11-S y las medidas en los aeropuertos eran extremas. El policía me pidió que le enseñara el contenido de mi mochila y empezó a sacar todo: una libreta, bolígrafos, guantes, chicles y entonces extrajo el diario de Ángela. Lo abrió y empezó a hojearlo.

jueves, 7 de julio de 2022

Mi otro yo sonámbulo

 


 

Me despertó la vibración del móvil. Alguien me estaba llamando. Ahora el profesor de escritura creativa me diría que empezar un texto con alguien despertando es un lugar común y un cliché. Pero la historia comenzó así, no comenzó de otra forma, déjame vivir y hacer lo que me salga de los huevos, joder, yo no me meto con tu vida, haz tú lo mismo con la mía.

domingo, 19 de junio de 2022

La escritora



Andrea me esperaba en la parada de Callao. Habíamos quedado después de hablar en Twitter por mensajes privados. Me había preguntado si me gustaba el realismo sucio porque veía en mi estilo trazos de Bukowski. Le dije que sí, que me gustaba, pero que el viejo Hank se había construido un personaje perdedor y solitario cuando en realidad era muy culto y no tenía una vida tan perdida como parecía. Me dijo de quedar porque había leído mis relatos, le gustaban y quería enseñarme los suyos. Le dije que estaría encantado de leerlos.

jueves, 18 de mayo de 2017

Nebulosas


A veces pienso que vivo atrapado en una realidad virtual diseñada para personas que han muerto, que vivo en una especie de Matrix, o en un mundo como San Junípero de Black Mirror. Todo me parece irreal, estúpido, sin sentido y encajar las piezas del puzle me resulta imposible.

No sé por qué me siento solo. Mis amigos están lejos. En esta ciudad no queda nada, está derruida y en llamas.

lunes, 9 de noviembre de 2015

El enemigo

Recibo un mensaje a las once de la noche:

Ya nada tiene sentido para mí. Me despido de ti, no trates de contactar conmigo.

Es Ana. Lo primero que pienso es que se va a suicidar. Ella es muy autodestructiva, me confesó que se autolesionaba y la idea del suicidio le parecía atrayente. Lo primero que hago es contestarle para decirle que abandone la idea de quitarse la vida. No responde. Ni siquiera me lee. Me preocupo muchísimo. Ella es capaz de hacerlo y creo que soy el único que puede salvarla.

La llamo por teléfono. No lo coge. Le envío otro mensaje diciéndole que como no lo coja llamaré a la policía y le daré sus datos para que eviten que haga una locura. Entonces me responde, me dice que no se va a suicidar, que sólo quiere alejarse de todo el mundo. Le pregunto por qué y me dice que ha discutido otra vez con su novio, que le grita, que se pone celoso porque habla con otros chicos, que simplemente uno le había pedido fuego y se lo ha dado y le ha montado un espectáculo porque, según su novio, no debería haberle dado fuego a alguien que se lo ha pedido.

Me cabreo. Le digo que no vuelva a darme esos sustos por culpa de su novio. No entiendo por qué está con él si la trata mal, le grita, se va enfadado siempre porque según él ella ha hecho alguna cosa mal. Ejerce un chantaje emocional sobre ella que es incapaz de ver. Ella cree que de verdad ha hecho algo malo, pero son las manipulaciones de él la que la hacen sentir así.

Ya estoy harto. Así que decido que es hora de hablar con él, ya que con ella es inútil, sigue enamorada de un maltratador psicológico. Tengo la cuenta de Twitter de su novio. Le escribo un privado diciéndole: Como me entere de que vuelves a hacerle daño a Ana te las verás conmigo. Estoy harto de aguantar sus lloros que siempre son por tu culpa. Te enfadas por gilipolleces pero ella como está locamente enamorada de ti se siente culpale y me viene a mí llorando. Esto harto de que la trates mal. Ella no se merece a un mierda como tú.

Su respuesta es reírse de mí. Decirme que estoy flipado. Que nada de lo que digo es cierto. Pero yo sé que sí lo es porque me lo cuenta ella. Estoy seguro que mi intervención hará que ya no la trate tan mal.

Al día siguiente Ana me escribe. Me dice que soy un imbécil, que por qué le he dicho eso a su novio, que he empeorado las cosas, que sólo digo mentiras, que deje de meterme en su vida, que le he hecho mucho daño. Que ahora él está más enfadado con ella por mi culpa. Que lo único que busco es destrozar su relación con él e impedirle ser feliz con la persona a la que ama. Me defiendo diciendo que es ella la que siempre está mal por él, que soy yo el que la tiene que aguantar, y que tuve que aguantar estar una noche en vilo pensando si se iba a suicidar o no tras su enigmático mensaje.

Me dice que no tengo ni puta idea de nada. Que la he traicionado como amigo. Pero yo no me siento culpable de nada, cuando veo una injusticia siempre la digo, y sé que el modo de comportarse de él con ella es de un maltratado psicológico. Lo volvería hacer, más de una vez me he metido en líos porque he visto a un hombre zarandear a una mujer en la calle, o gritándole, yo no puedo quedarme de brazos cruzados y siempre me meto para que eso cese.

Ella cabreada insiste en que le he hecho mucho daño. Y decide bloquearme en el whatsapp y en su perfil de Facebook se pone una foto con él sonrientes y entonces ya no me queda claro quién es el amigo y el enemigo de Ana.

miércoles, 21 de mayo de 2014

El Power Ranger amarillo

Cierro la puerta con llave. Le doy dos vueltas a la cerradura para asegurarme de que está bien cerrada. No me fío de nadie. En la zona hay mucho yonki y puede que algún día no tengan dinero y decidan entrar en casa para robar.

No sé a dónde voy. He salido de casa sin rumbo y siempre que lo hago me acuerdo de Augusto Pérez, el protagonista de Niebla. Él salió de casa y por delante se le cruzó una mujer de la cual se enamoró instantáneamente y decidió seguirla. Abro la puerta del portal y lo único que pasa es una china fea que me hace abandonar la idea de seguir el ejemplo de Augusto.

viernes, 18 de abril de 2014

Loterías y apuestas del estado



Espero en la cola de la administración de lotería para pedir un Euromillón. He cambiado de administración, antes iba a otra donde donde los dependientes eran unos rancios, pero ahora vengo a esta porque la dueña siempre me desea buena suerte al darme el boleto. Sé que también se lo dice a todos, pero a veces uno no necesita que le toque nada sino que alguien le desee buena suerte.

martes, 16 de julio de 2013

Una carta para ti



Hola querida:

¿Cómo estás? Espero que bien. Supongo que te extrañarás al ver esta carta, pero es que hoy, como muchas veces, he estado pensando en ti. Me he dado cuenta de que nunca te he dedicado ningún escrito y que nunca he hecho público lo que siento por ti, aunque ya sabes... no soy muy detallista y tampoco suelo mostrar en público lo que siento, me da bastante vergüenza. Pero como hoy es un día especial quiero que estas líneas sean un pequeño regalo para ti.

Ya llevamos mucho tiempo juntos, aunque no sé exactamente cuánto, es muy difícil contarlo porque ha habido muchas interrupciones en nuestra relación, pero no sé por qué extraña razón siempre acabamos juntos de nuevo. ¿Te acuerdas cuando pensábamos que nunca más nos volveríamos a ver? ¿Quién iba a decir que después de aquello volveríamos a estar juntos? Muchas veces he pensado en eso, y creo que es obra del destino. Por alguna razón tú y yo estamos predestinados a estar juntos y hay una fuerza invisible que quiere que así sea. ¿Tú crees en la magia? Yo tampoco creía, pero tú me hiciste creer.

domingo, 12 de mayo de 2013

Carta abierta al espermatozoide que iba detrás de mí en la carrera hacia el óvulo



Querido compañero de viaje:

Dicen que recibimos lo que merecemos, que todo esfuerzo tiene su recompensa, que la gravedad siempre hace su trabajo, que el tiempo pone a cada uno en su lugar y que a todo cerdo le llega su San Martín, ¿tú qué tienes que decir a esto?

lunes, 1 de abril de 2013

Mi refugio

 
A veces creo que mi habitación es el refugio ideal donde puedo estar en paz y tranquilo. Imagino que es una trinchera en la que me resguardo del campo de tiro que hay en el exterior. Mi objetivo no es otro que encontrar la calma y la soledad absoluta. Quiero ser invisible; que nadie sepa que existo. Me tumbo en la cama y observo detenidamente el techo. Hay una telaraña en un rincón, pero me da igual ¿Qué más da que esté ahí? Cierro los ojos y me hundo más y más en la cama. El colchón parece estar hecho de chicle. Las sábanas se tragan mi cuerpo como si fueran arenas movedizas. Me hundo a través de una puerta espacio-temporal que me conduce hacia otros mundos en otros tiempos. Quiero viajar hasta la Grecia clásica, quiero hablar con Platón, quiero pasear por las ágoras junto a Sócrates y escandalizar a unos cuantos mediocres. Me encantaría haber vivido en ese tiempo, por aquel entonces la gente no tenía nada mejor que hacer: pasear y filosofar. Hoy en día no se puede encontrar una plaza así, llena de idealistas en la que se puedan hacer disertaciones filosóficas sobre la vida y la muerte. Si ahora saliese de mi zulo y comenzase a preguntar a los transeúntes si ya están preparados para la muerte lo más seguro es que me encerrasen en un manicomio. En Grecia sabían lo que era bueno: comenzaban discutiendo sobre cuántas partes tenía el alma y acababan montando una orgía.

sábado, 5 de marzo de 2011

La última lágrima


Sólo le preguntó cómo estaba y si se encontraba mejor. Era realmente lo único que Ariel podía saber de ella. Se había perdido toda la comunicación. Las puertas de su vida estaban cerradas. Había resentimiento y distancia. La catástrofe ya no era reciente pero el humo todavía brotaba de los escombros.

No respondió a la pregunta. Tan sólo le dijo que la pregunta era estúpida y que jamás le volviese a preguntar al respecto.

Se hizo el silencio. Entonces se dio cuenta de que el último hilo de conexión se acababa de romper. Todavía quedaba la bondad, los buenos deseos y las buenas intenciones. Pero ya no podía acercarse y acariciarla con sus palabras. Ni siquiera podía tenderle su mano porque su ayuda aparte de inútil era dañina.

Tardó mucho tiempo en comprender que, en ocasiones, cuando se desea lo mejor a alguien no hay que preguntar un sincero “cómo estás” porque la más simple pregunta, a veces, puede convertirse en la mayor de las descortesías.