Todo lo que yo no era.
Una de las primeras cosas que me dijeron fue que no sacara a gitanos en las fotos que subiera. Pero les dije que eso no era muy ético.
Todo lo que yo no era.
Una de las primeras cosas que me dijeron fue que no sacara a gitanos en las fotos que subiera. Pero les dije que eso no era muy ético.
Ya hacía al menos siete meses que Yolanda y yo no follábamos. Y es paradójico, porque acepté un trabajo como guionista en la industria del porno y ni siquiera se lo dije. No estaba muy orgulloso de ese trabajo. Ni siquiera sabía que para esos vídeos necesitaban a guionistas pero no podía rechazar la oferta porque me hacía falta el dinero. Me hicieron una prueba. Tenía que escribir una escena y me dijeron que cuantas más etiquetas tuviese más visitas tendría el vídeo, así que me recomendaron que dejase volar la imaginación y mezclase todas las categorías posibles en un solo vídeo. Me puse a ello y no fue fácil, pero conseguí escribir una escena con un montón de variedades para que se catalogase en muchas más categorías. Creo que lo hice muy bien. Plasmé muchas perversiones, muchas fantasías y puse escenas que a mí no me motivaban nada pero sabía que a los grandes aficionados al porno les gustarían aunque era muy difícil contentar a todo el mundo.
Ir a Ikea con Marcela es lo más parecido a la tortura que conozco. Ella quiere decorar el nuevo piso al que nos hemos mudado a su gusto, pero no deja de comprar gilipolleces, cosas absurdas e innecesarias. Ahora está mirando una nueva vajilla, que además todas las casas tienen las mismas de Ikea y lo que más me fastidia es que ya tenemos una que cumple su función perfectamente y no nos hace falta otra.
Me despertó la vibración del móvil. Alguien me estaba llamando. Ahora el profesor de escritura creativa me diría que empezar un texto con alguien despertando es un lugar común y un cliché. Pero la historia comenzó así, no comenzó de otra forma, déjame vivir y hacer lo que me salga de los huevos, joder, yo no me meto con tu vida, haz tú lo mismo con la mía.
Andrea me esperaba en la parada de Callao. Habíamos quedado después de hablar en Twitter por mensajes privados. Me había preguntado si me gustaba el realismo sucio porque veía en mi estilo trazos de Bukowski. Le dije que sí, que me gustaba, pero que el viejo Hank se había construido un personaje perdedor y solitario cuando en realidad era muy culto y no tenía una vida tan perdida como parecía. Me dijo de quedar porque había leído mis relatos, le gustaban y quería enseñarme los suyos. Le dije que estaría encantado de leerlos.