Luego me pregunta si quedo con amigos y le digo que apenas quedo con nadie, que mis amigos están siempre ocupados, viven lejos o personas que consideraba amigos me han decepcionado porque he sentido que les importaba una mierda. Hace más de un mes que no hablo con nadie que no sea de mi familia. Con hablar me refiero a quedar con alguien fuera de mi círculo familiar. La gente está ocupada, tienen sus hijos, sus trabajos, sus rutinas y yo soy un inadaptado social: no me gustan las fiestas, apenas bebo alcohol, odio el ambiente de las fallas (no su arte), tampoco me gusta drogarme como hacen todos y sólo encuentro consuelo en el cine, las series y algunos libros.
El psiquiatra sigue tecleando en su ordenador sin apenas mirarme.
La ciudad en la que vivo no tiene muchos alicientes, me apunté al gimnasio durante un mes y apenas fui cinco días y luego dejé de ir. Sentía que la gente me miraba, que no sabía hacer los ejercicios y que todos estaban cachas menos yo. Tampoco me gusta cocinar, suelo comprar comida preparada, aunque lo más sana posible.
Tenía, junto a unos compañeros, un proyecto de película muy ilusionante. Escribimos el guion, hicimos varias versiones para adaptarlas a las necesidades del presupuesto, ayudamos con el dossier, pero no hubo suerte, porque en las productoras buscaban nombres, estrellas, causas perdidas y no calidad en un guion. Nuestro proyecto se fue por el sumidero por el que se van esas películas que nunca llegarán a rodarse. Fue una pena, porque en la presentación del Trabajo de final de Grado uno de los profesores, que era productor, se fijó en nuestro proyecto y se enamoró de él y firmamos un contrato con su productora. Nos hizo mucha ilusión, teníamos grandes expectativas puestas en él. Pero el golpe que nos dieron fue proporcional a las expectativas que teníamos.
Escribir ha perdido sentido para mí. Antes publicaba píldoras en Instagram, pero perdí la inspiración y las ganas.

🙂
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