viernes, 20 de marzo de 2026

Pereza

Todo me da una pereza impresionante. Todo me supone un esfuerzo estratosférico, incluso escribir esto. Me dan ganas de abandonarlo a las dos líneas y decir que ya lo escribiré otro día. No hay nada ni nadie que me salve del caos en el que estoy dando vueltas en espiral.

Me siento ante el psiquiatra que me está haciendo una evaluación. Me pregunta si escucho voces. Le digo que no, que no escucho voces y que nunca las he escuchado, que como mucho he creído cosas absurdas o he llegado a conclusiones disparatadas, pero ninguna voz me ha dictado nunca nada. Él mira hacia su monitor y teclea unas anotaciones.

Luego me pregunta si quedo con amigos y le digo que apenas quedo con nadie, que mis amigos están siempre ocupados, viven lejos o personas que consideraba amigos me han decepcionado porque he sentido que les importaba una mierda. Hace más de un mes que no hablo con nadie que no sea de mi familia. Con hablar me refiero a quedar con alguien fuera de mi círculo familiar. La gente está ocupada, tienen sus hijos, sus trabajos, sus rutinas y yo soy un inadaptado social: no me gustan las fiestas, apenas bebo alcohol, odio el ambiente de las fallas (no su arte), tampoco me gusta drogarme como hacen todos y sólo encuentro consuelo en el cine, las series y algunos libros.


El psiquiatra sigue tecleando en su ordenador sin apenas mirarme. 


La ciudad en la que vivo no tiene muchos alicientes, me apunté al gimnasio durante un mes y apenas fui cinco días y luego dejé de ir. Sentía que la gente me miraba, que no sabía hacer los ejercicios y que todos estaban cachas menos yo. Tampoco me gusta cocinar, suelo comprar comida preparada, aunque lo más sana posible. 


Tenía, junto a unos compañeros, un proyecto de película muy ilusionante. Escribimos el guion, hicimos varias versiones para adaptarlas a las necesidades del presupuesto, ayudamos con el dossier, pero no hubo suerte, porque en las productoras buscaban nombres, estrellas, causas perdidas y no calidad en un guion. Nuestro proyecto se fue por el sumidero por el que se van esas películas que nunca llegarán a rodarse. Fue una pena, porque en la presentación del Trabajo de final de Grado uno de los profesores, que era productor, se fijó en nuestro proyecto y se enamoró de él y firmamos un contrato con su productora. Nos hizo mucha ilusión, teníamos grandes expectativas puestas en él. Pero el golpe que nos dieron fue proporcional a las expectativas que teníamos. 


Escribir ha perdido sentido para mí. Antes publicaba píldoras en Instagram, pero perdí la inspiración y las ganas.


Lo único que hago es salir a dar paseos, a tomar café y a arriesgarme la vida en cada paso de cebra por el que paso ya que no me espero a que paren los coches para cruzar, directamente asalto la carretera y cualquier día se me llevarán por delante. Pero así monto broncas a los coches que no paran y me lo paso bien.

Salgo de la consulta. Vuelvo a la vida anodina. Conduzco hacia mi casa. Un peatón se me cruza por sorpresa en un paso de cebra. Freno en seco. Sonrío.

Ahora sé lo que se siente estando del otro lado.

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