domingo, 31 de julio de 2011

El día que tomé Bang Lassi en la India

Pushkar y su famoso lago sagrado

No había oído hablar de Pushkar en mi vida. Un viajero que conocí en Benarés me recomendó la ciudad, me dijo que era un lugar mágico en medio del desierto y que se estaba a gusto allí. Lo cierto es que no sé cómo llegué, en la India llegas a los lugares sin saber cómo. Me acuerdo que conseguí coger un autobús que me iba a llevar hasta Pushkar después de haber estado toda una tarde dando tumbos en una ciudad perdida del Rayastán preguntando cómo podía llegar hasta allí.

En el autobús unos adolescentes curiosos me rodearon y me preguntaron de dónde era, si tenía esposa y si tenía hijos. Allí es muy común preguntar el estado civil y la situación familiar. También les extrañaba muchísimo que un hombre a los 27 años no estuviese casado. Cuando me preguntaron de qué religión era traté de provocarles. No soy católico ni nada parecido, pero les dije que yo era cristiano y que me gustaba mucho comer vacas, les invité a que lo hicieran. Uno de ellos me miró indignado diciendo que él nunca comía carne. Luego descubrí que en Pushkar, al ser una ciudad sagrada, está prohibido comer carne y beber alcohol.


Un indio que iba en el autobús se ofreció a llevarme al hostal de su tío y me acercó hasta allí en moto. Cuando llegué traté de regatear el precio de la habitación. El dueño me ofreció un descuento si le compraba un poco de hachís. Le dije que de momento no quería, pero le convencí para que me diera un poco y si me gustaba ya le compraría. Me dio un trozo y, por supuesto, nunca le compré nada (aunque estaba riquísimo). ¿La habitación? La conseguí por un euro y medio la noche, y tenía un retrete normal, lo cual en la India es un lujo.

Esa día fui a un restaurante de un hostal a cenar. No había carne, pero todo estaba riquísimo. Estuve hablando con unos turistas que había conocido ese mismo día y la velada fue muy agradable. Estaba tan a gusto que decidí beberme un bang lassi. No era nada del otro mundo, ya había probado uno en Benarés y no fue para tanto. Era como fumarse un canuto pero bebiendo. Pero si alguien no sabe qué es un bang lassi os lo explicaré: es un yogur especial que contiene entre 30 y 50 gr. de marihuana. Si no os hacéis la idea de qué cantidad es, os diré que el gramo está entre 3 y 5 euros, y que lo que echan en un vaso, tirando por lo bajo, costaría unos 90 euros en España. Pero en la India todo es maravilloso, y un Bang Lassi me costó 3 euros al cambio. Una ganga.

Fotografia que saqué en el momento que me dieron el vaso
de bang lassi mientras leía la Lonely planet
Anteriormente ya había tomado un bang lassi de los ligeros, pero esta vez, en Pushkar, la bebida tenía tal cantidad de marihuana que la bebida estaba mucho más verde que la otra que me tomé. El chaval que me lo preparó tendría unos 12 o 13 años y creo que se pasó con la medida porque no tenía ni idea de hacerlo y tardó más de media hora en prepararlo. Me lo bebí tranquilamente mientras leía la Lonely planet y planeaba un nuevo viaje.

Los españoles que conocí comenzaron a hablar entre ellos. Yo me sentía extraño, pero no sabía por qué. Ya había estado enfermo con anterioridad, de hecho no me había vacunado de nada y durante gran parte del viaje tuve la paranoia de que en cualquier momento un mosquito me picaría, me contagiaría la malaria y moriría tirado en cualquier cuneta de la India.

El Sol se ponía entre las casuchas de Pushkar. Yo contemplaba el espectáculo ajeno a la conversación que mantenían todos. Cuando de pronto, todo me dio un giro brusco, tuve la sensación de que la cabeza me había dado una vuelta entera. Tuve que apoyar mis manos en la mesa para no caerme. Miré a mi alrededor y nadie se había percatado de lo que me había pasado. Todo volvía a la normalidad. Pero yo ya comenzaba a estar mareado.

Decidí irme al hostal. Se acababa de hacer de noche. Me despedí de los viajeros a duras penas y bajé como pude de aquella terraza. Una vez en la calle no sabía volver, había perdido el sentido de la orientación, pero por instinto me metí en unas callejuelas que creía que me llevarían al hostal.

En una de esas calles me crucé con una vaca inmensa que ocupaba todo el ancho de la calle. Estaba allí quieta, parada, majestuosa y me miraba fijamente. Por un momento noté que la vaca era mucho más inteligente que yo y que se apiadaba de mí. Vi que la vaca estaba comiéndose una bolsa de basura que había en el suelo. Entonces descubrí que las vacas también tienen una función recicladora que desconocía y que ni el propio Marvin Harris lo supuso cuando escribió su libro Vacas, cerdos, guerras y brujas. Pasé por al lado de la vaca, era enorme, no era la típica vaca flaca de India. De pronto me invadió un temor, entre la vaca y la pared no había casi espacio, pensé que si a la vaca le daba un venazo podría aplastarme contra la pared, así que crucé lo más rápido posible. La vaca seguía mirándome y parecía que sabía lo que pensaba. Por la calle no pasaba nadie. Sólo estábamos la vaca y yo. De pronto pensé que la vaca iba a hablar en cualquier momento. Estaba absolutamente convencido de que la vaca comenzaría a mover su boca y a decirme lo gilipollas que soy. Estuve mirándola fijamente esperando el momento. No me cabía duda de que la vaca podía hablar, estaba seguro. Pero al final no lo hizo, y no porque no pudiera, sino porque no quiso.

Di varias vueltas a la ciudad sin saber a dónde iba. Me perdí varias veces. Fui por algún callejón sin salida y por alguna calle completamente oscura que no sabía a dónde me llevaba. Finalmente, y sin saber cómo (como siempre en la India) conseguí llegar a mi hostal.

Fui directo a mi habitación y me acosté. Me tumbé en la cama. Estaba destrozado. No sabía lo que me ocurría. Me desabroché los botones de la camisa y me tumbé con los brazos en cruz mirando cómo las aspas del ventilador daban vueltas. Cerré los ojos y las imágenes comenzaron a llegar a mi cabeza. Estaba pensando en una chica en la que hacía tiempo que no pensaba y tuve una serie de fantasías sexuales con ella demasiado reales. Estaba en un estado hipnótico y era una ensoñación absolutamente realista.

"me tumbé con los brazos en cruz mirando cómo las aspas del ventilador daban vueltas" 
Fotografía que hice en ese momento.
Volví a abrir los ojos. Me estaba encontrando mal y no sabía por qué. Estaba perdiendo la conciencia. No conseguía hilvanar ningún pensamiento coherente. La sensación de malestar se apoderaba de mí. Me reincorporé y de pronto noté que la cama salía disparada a una velocidad endiablada, como si debajo del colchón hubiesen colocado un motor a propulsión y de pronto se hubiese activado la velocidad máxima. Sentí una sensación de vértigo y de velocidad tan grande que tuve que agarrarme fuertemente a las sábanas para no caerme. La sensación duró cuestión de segundos. Pero fueron suficientes para dejarme absolutamente asustado y sudoroso. No entendía qué me pasaba. No conseguía reconocer qué me estaba pasando en la cabeza. Con mucho cuidado me levanté de la cama y me fui al cuarto de baño. Abrí el grifo de la ducha y comencé a mojarme la cabeza para que se me pasara. Me puse debajo del grifo. La sensación del agua cayéndome por la cabeza era increíblemente placentera y refrescante, como un alivio total. Me sequé como pude y volví a tirarme en la cama.

La última foto que pude sacar antes de perder el control por completo.
Ahí ya no pude ni ajustar la luz, por eso está tan mal hecha.
Pensé que me dolía la cabeza y que lo mejor que podía hacer era dormir. Así que cerré los ojos, apagué la luz y traté de conciliar el sueño rápidamente con la esperanza de encontrarme mejor al día siguiente. Pero al cerrar los ojos la cabeza me bullía. Los pensamientos iban y venían sin ton de son. Me aparecían imágenes en la cabeza sin que yo las pensase. Descubrí que no podía controlar el pensamiento. Mi conciencia había dejado de existir. Mi cerebro iba a sus anchas y yo era incapaz de controlarlo, no podía contener las imágenes y lo que era peor: ni siquiera sabía lo que me pasaba. No era capaz de asociar que todo eso me estaba ocurriendo por culpa del bang lassi.

La situación era incontrolable. Abrí los ojos. Todo estaba oscuro y me asusté. De pronto, y sin saber por qué, me pregunté si estaba vivo o muerto. Decidí encender la luz porque estaba seguro que si estaba a oscuras la probabilidad de morir era mucho más alta. Encendí la luz y noté de nuevo que estaba vivo. Pero tenía la sensación de que me estaba muriendo y que en cualquier momento iba a salir de mi cuerpo y lo abandonaría porque no aguantaba más. Entonces, ya con mi paranoia desatada, decidí emprender mi último viaje para salvar mi vida. Consideré que era necesario beber agua para no morir. Me calcé, abrí la puerta de mi habitación, crucé el pasillo como pude y llegué hasta recepción, donde había un chico durmiendo. Lo desperté sin importarme una mierda y le pedí que, por favor, me vendiese una botella de agua. Me la vendió. Le pagué. No sé qué cara debía llevar porque el chico me miraba muy raro y yo estaba babeando. Volví medio zombie a la habitación y bebí agua sin parar, pensando que ese era el único antídoto para evitar la muerte inminente que sentía que se avecinaba.

Una vez bebí todo el agua que pude sentí que no mejoraba nada. Las imágenes en mi cabeza se seguían sucediendo sin sentido alguno. Cerraba los ojos y veía unas líneas verdes cruzarse con otras. Sentía que se unían dibujos con otros a través de líneas. Definitivamente había perdido el control de mi ser. Así que me tumbé en la cama y esperé a que la muerte me llevase. En ese momento lo único que me preocupaba era morir en la India, pensaba que era una gran putada morirse en la India porque no sabía qué iban a hacer con mi cuerpo, repatriarlo sería una gran faena, tendrían que llamar a la embajada y hacer mil trámites y tardaría un montón en llegar a España y cuando llegase ya me estaría pudriendo. Pero al poco rato dejó de importarme el asunto, dejó de importarme lo que hicieran con mi cuerpo porque, al fin y al cabo, ya no iba a ser un problema mío.

Cerré los ojos y las imágenes comenzaron a azotarme más fuerte en la cabeza. De pronto vi un mapa mundial del cual salían líneas rojas y se comunicaban las ciudades entre sí mediante hilos rojos. Luego aparecieron ante mí miles de figuras geométricas preciosas, no tenían sentido alguno, pero tenían una claridad abrumadora. Eran como imágenes que me revelaban una verdad hasta entonces desconocida para mí. Las imágenes se sucedían, y a veces venían a la mente cómo pantallazos como cuando se cargaba el spectrum de cinta, colores muy chillones, y plataformas verdes, amarillas y azules que avanzaban hacia un lugar desconocido. Quise dejar de pensar en eso, pero era imposible.

De pronto los pensamientos fueron mucho más profundos. Yo ya estaba en la cama tirado sin saber si estaba vivo o muerto. Enseguida vi el universo entero y, sin saber cómo, comprendí que el universo tenía una lógica aplastante. El universo tenía sentido. Todo estaba cuadriculado y estaba hecho a medida. Se acabaron las preguntas de ¿Por qué existe el universo? ¿Por qué tuvo que estallar el Big bang? En ese momento contemplé la verdad absoluta de todo. No tenía una respuesta escrita, simplemente sentía en mi ser que todo tenía lógica y que yo hasta entonces había sido un ignorante.

Yo ya no sabía ni dónde estaba. Comencé a ver mi vida, a recordar cosas de cuando era pequeño que ni recordaba, vi escenas que tenía totalmente olvidadas en mi memoria. Fui retrocediendo en el tiempo de mi vida. Estaba viendo cosas increíbles con una nitidez brutal. Recordé cuáles eran mis primeros recuerdos de la infancia. También vi cosas que no me gustaron. Pero lo más sorprendente es que podía explorar en los recovecos de mi cerebro como nunca antes lo había hecho. Después comencé a retroceder más en el tiempo, vi recuerdos que había olvidado. Y fui retrocediendo más y más peligrosamente en el tiempo. Recordé un momento cuando yo tenía uno o dos años. Y seguí retrocediendo mucho más, conseguí ver hasta el momento en el que nací. Pero lejos de detenerme ahí conseguí remontarme mucho más atrás en mis recuerdos. Y pude ver el momento el que me concibieron. Pero no me detuve, entonces fui más atrás, y vi que había vida antes de mi vida. Y es en ese momento, en que sentí que estaba fuera de todo. Sentía que había traspasado el límite de la realidad, estaba en un sitio peligroso, sabía que estos recuerdos no los debería estar explorando, sentía como que estaba en territorio prohibido. Pero fue el momento más grande, porque pude ver mi alma, no me preguntéis cómo, pero me encontré con mi propia esencia. Toda la vida anterior que había tenido a la vida la conseguí ver. Pude ver que mi alma era un alma... la única palabra que me sale es: importante. Era un alma grande, de gran luz.

De pronto sentí que debía salir de ese lugar de los recuerdos y volví a la realidad. Volví a la cama de la India. Abrí los ojos y entonces me di cuenta de que tal vez todo aquello me estaba ocurriendo porque esa misma tarde había bebido bang-lassi. Era el primer pensamiento coherente que tenía en horas. Todavía tenía la sensación de que me iba a morir, pero ya me daba igual. En ese momento había perdido el miedo a todo.

Tal vez muchos piensen que con el cebollazo y el colocón que llevaba era normal ver lo que vi, e incluso podría haber visto burros volar y me hubiese parecido igual de real. Pero la sensación que me quedó es que pude ver algo tan real como la vida misma, que mi cerebro se activó mucho más de lo normal para revelarme una verdad oculta. Durante un buen rato estuve comprendiendo el sentido del universo. Y lejos de pensar que fue una alucinación pienso que pude visitar una realidad mucho más profunda que hasta entonces desconocía. Me acordé mucho de Castaneda y de sus experiencias con el mescalito.

Sentí por bastante tiempo, el cual no controlaba, que era un dios. Para algo había tenido la experiencia con una sustancia enteógena, que viene del griego “entheos” (que tiene un dios dentro) y “genos” (origen del tiempo, del nacimiento) y que en definitiva significa: “inspirado por un dios y la posibilidad de nacimiento que esto supone. (más info)

Finalmente, al día siguiente, desperté. Estaba vivo. Pero, sinceramente, no sé ni cómo pude sobrevivir. Me sorprendía estar vivo y me sorprendía haber visto todo lo que vi. Cuando lo recordaba no daba crédito a lo me había pasado.

Pushkar desde luego era una ciudad increíble, dicen que en su lago sagrado se esparcieron las cenizas de Gandhi. Dice la leyenda que los dioses dejaron libre un cisne con una flor de loto en pico. Allí donde dejara la el loto Brahma haría un gran sacrificio. Ese lugar se llamó Pushkar. Brahma es considerado el dios más importante del hunduísmo porque él creó el universo con su pensamiento.

Tal vez, la leyenda se mezcló con la realidad y esa flor de loto se posó sobre mí. Brahma hizo su sacrificio, pero sin llegar a matarme, para que durante unas horas comprendiese el significado completo del universo que él creó. Me gusta pensar que fue así. Me fui de Pushkar, una ciudad que, desde luego, no olvidaría en mi vida, ya que es el lugar donde nací por segunda vez.

Brahma, creador del universo.
El fondo de esta imagen se parece a lo que vi.

11 comentarios:

  1. Vaya mierda de viaje. Conforme pasa el tiempo, menos neuronas tienes.

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  2. Muy buena historia,sin lugar a dudas la mente es mas poderosa de lo que imaginamos,y muchas veces no sabemos como afrontar problemas gracias al bloqueo que existe dentro de cada uno de nosotros,es posible que aunque posiblemente ciego por la droga,se haya activado cierta característica mental que no se hubiese activado por si sola,buena experiencia Efe.
    Un saludo =)
    PD: Pepito Grillo eres mas idiota que una mierda,pégate un tiro en la sien que es lo único que te vendrá bien para ti y para el resto del mundo ;)

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  3. Me ha gustado tu experiencia. Gracias por compartirla con los demás.

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  4. la verdad qe pasaste una tarde inolvidable en la india jaja, imposible de olvidar en la vida esto qe te paso, muy buena

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  5. Eran las 23:15 y no quería dormirme. Pedí a Mr. Pithecia que no cerrase los ojos pues él parecía estar algo menos colocado y ya había tenido experiencias similares. Él parecía estar en otra esfera. Tumbado en la cama boca arriba con los brazos cruzados, riendo, en un mundo de fantasías, en el mundo de yupi. Mr. Anolis y yo le echábamos miradas fugaces vigilando que se mantuviese en vigilia. Al final cerró los ojos, no era su culpa. Mr. Anolis también me abandonó al poco tiempo y, fue entonces cuando comencé una dura lucha para mantenerme asido a la realidad. La pequeña fracción de juicio que quedaba en mi me obligaba a centrarme en objetos de la habitación, pues sentía miedo de desapegarme de la realidad, de acceder a un mar de fantasías, confusión, irresistiblemente atrayente en el que nunca me había sumergido y del que no sabía cómo salir o ni siquiera si había una salida. Los objetos de la habitación cambiaban de forma y se enriquecían, los ruidos pasaban a melodías y el conjunto evolucionaba hacia situaciones armoniosas e hiladas, balsámicas, que mi conciencia trataba de descifrar para encontrar su causa primera y volver así a la realidad. Esta dura batalla la desarrollé durante unas decenas de minutos sentado al borde de la cama, con los codos en las rodillas y el tronco inclinado con la cabeza apoyada en las manos. Reconozco ahora el gran poder de la consciencia, aun en sus últimos coletazos, pues muchas veces me perdí y otras tantas volví. En uno de estos viajes el ruido monótono del ventilador del techo pasó a convertirse en las armoniosas melodías de pájaros en una selva. Tanto esfuerzo no valía la pena. Así, me rendí, me tumbé en la cama y del resto no recuerdo más.

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  6. Por el resultado y simbología de la experiencia, debes tener un lío mental y llevar una vida de mierda que se sustenta en llamadas de atención extremas.

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  7. para los que no comprenden el sentido de experiencia personal que otros relatan abiertamente y con gran generosidad por su parte les diré que en lugar de criticar pueden comenzar a vivir por sí mismos experiencias para ver que hay más vida y mucho más mundo más allá de sus narices. Agradezco a los que comparten esas experiencias de las que podemos extraer algo nuevo y les animo a seguir haciéndolo.

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  8. Jajaja, me he reido mucho con tú historia, muy buena y muy bien explicada. Estoy en india y pasado mañana es el holi, supongo q sabrás q el baby lassi es la bebida oficial ;)

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  9. Me encanto el análisis de tu experiencia, me reí y disfrute mucho mientras lo leía. Me identifique mucho. Saludos

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  10. Algo parecido me paso a mi pero con LSD, una expansión de conciencia increíble y como tu comentas, también me sentí un dios por bastante tiempo.

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  11. Lo cierto que viví algo muy simil, pero sin profundizar tanto. Fue a base de marihuana e higos de árbol, tenía unos 14 - 15 años, con un colega pues nos pusimos a expreimentar... Cuando pasaron las horas mi amigo se fue pero yo empezé a sentir ese mareo confuso, que no es un mareo, es algo más allá... caminaba y parecia dar saltos en el tiempo. Al intentar domir no pude, todo giraba, lineas rectas aparecian etc.. lo cierto que al despertar al día siguiente me quedé con esa "paranoia" Ya no era tan fuerte, y al cerrar los ojos no veia esas lineas como la noche anterior pero permaneció lo suficiente como para darme escalofrios a cada momento... Tenía 15 años y no entendía que me ocurria, era todo "tan real".. me costaba identificarme como siempre lo habia hecho... algo dentro murio.. y con el tiempo resusitó el conocimiento.. entendí facetas del egoismo, la vision de la "realidad"... Estuve así 2 meses y medio, casi depresivo y cansado. pensé en que tenia algun problema mental a causa de consumo de marihuana... en fin fué brutal para mi vivir eso sin tener conceptos base sobre el egoismo, la sociedad y esas cosas.. fui victima de mi propio pánico al no entender mi naturaleza, naturaleza de la que nos desvian como muchos sabréis o sentiís. sobre el asunto del "propio Dios"... desesperado, en la cama me puse a orar... y "una voz" en mi oido derecho me dijo "tú solo vas a salir adelante" Fue como una revelación, pero salio de dentro de mí, no fue algo externo... Poco a poco fui saliendo de ese estado a base de esfuerzo mental y constancia... hoy en día toda esta historia fue un proceso de cambio hacia una "verdad"... Si a alguno os ha pasado, tan solo sabed, que el enemigo es uno mismo, y solo seguirá ahi hasta que dejes de "crearlo" a cada instante. No tengais miedo, investigad sobre el ser propio y ved como os habreis desprendido de toda o casi toda esa arquitectura greco-romana que nos han implantado desde el colegio!

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